ES EN
Vista de Salzburgo desde el Kapuzinerberg, río en curva, cielo dramático

Carta Séptima

La despedida

Me marcho mañana. Esta noche he subido al Kapuzinerberg por última vez. Quería despedirme desde arriba, ver la ciudad entera una vez más antes de irme, y el Kapuzinerberg se ha convertido en estos días en el único lugar de Salzburgo que siento mío. La fortaleza tiene su montaña, los príncipes-arzobispos tenían la suya. Esta es la del que mira.

Arriba quedaba un resto de luz en el horizonte, una franja entre las nubes que se iba estrechando como una puerta que se cierra despacio. La ciudad debajo estaba encendida y desde aquí se veía entera por última vez: el río, los puentes, las cúpulas, la fortaleza. Por primera vez no he intentado leerlo. No he buscado la metáfora ni la ironía ni la lección histórica. Solo he mirado.

Panorámica de Salzburgo desde el Kapuzinerberg, ramas desnudas, hora azul

Al bajar, la fortaleza ha aparecido entre las ramas de los árboles desnudos y me he detenido. Era enorme. Más enorme que nunca. Más sólida, más presente, más real que cualquier otro momento de estos días. No era el fantasma de la primera mañana ni la jaula de la tercera ni el documento de la segunda. Era simplemente lo que es: una masa de piedra que lleva ahí arriba más tiempo del que nadie puede recordar y que seguirá ahí cuando nadie recuerde que existió un principado ni un decreto ni un viajero que vino a buscar lo que ya no existe.

No sé si eso es consolador o terrible. Probablemente las dos cosas.

Fortaleza de Hohensalzburg entre ramas desnudas, escaleras, hora azul

Era enorme. Más enorme que nunca.

He bajado al río. La ciudad se reflejaba en el Salzach con la misma nitidez que el primer día, solo que ahora las dos Salzburgo me eran familiares. Conocía sus cúpulas, sus torres, sus callejones. Sabía lo que había detrás de cada fachada y debajo de cada bóveda. Y sin embargo tenía la sensación de no haber entendido nada esencial.

Le escribo esto sabiendo que no va a sorprenderle. Me conoce. Sabe que siempre me voy de los sitios con más preguntas de las que traía. Pero créame si le digo que esta vez las preguntas son mejores.

Skyline de Salzburgo reflejado en el Salzach, puente, hora azul

Las dos Salzburgo me eran familiares

Me quedo mirando mientras el cielo se oscurece y las luces de la ciudad van quedándose solas contra la noche. Dentro de unas horas estaré en un carruaje camino de Viena y Salzburgo será un recuerdo. Pero los recuerdos, como esta ciudad, tienen la costumbre de disolverse y recomponerse a su antojo.

Le escribiré desde Viena si encuentro algo que merezca ser contado. Aunque lo dudo. Después de Salzburgo, todo va a parecerme demasiado sólido.

Salzburgo de noche desde el Salzach, luces de la ciudad reflejadas en el río
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