ES EN
Fortaleza de Hohensalzburg sobre Salzburgo

Carta Segunda

La ciudad revelada

Se ha levantado. Tenía usted razón y la tenían los que me lo prometieron anoche en la fonda: esta mañana no había niebla. Me he asomado a la calle esperando una transición gradual, un desvelamiento pausado, y lo que he recibido ha sido un golpe. Salzburgo no se revela: se impone. Estaba toda ahí, entera, de una vez, y lo primero que he entendido es que lo que la niebla me ocultaba ayer no era una ciudad. Era una declaración de poder.

He salido a caminar con la avidez de un ciego al que le devuelven la vista. Pero a cada paso la avidez se ha ido convirtiendo en otra cosa. He cruzado los puentes que ayer crucé sin ver y desde cada uno la misma imagen: cúpulas, torres, campanarios, la fortaleza arriba, todo apilado en una acumulación que no busca la belleza sino la obediencia.

Puente sobre el Salzach

He cruzado los puentes que ayer crucé sin ver y desde cada uno la misma imagen.

No hay un solo ángulo de esta ciudad que no esté diseñado para recordarle a quien mira quién manda aquí. O quién mandaba. Porque lo extraordinario es que todo sigue en pie. Cada piedra sigue exactamente donde la colocaron, cada cúpula sigue apuntando al cielo que justificaba su autoridad, y sin embargo el poder que levantó todo esto se ha desvanecido con la misma facilidad con que se desvaneció la niebla de ayer. Más fácilmente, de hecho. La niebla tardó una noche en disiparse. El principado fue disuelto en una tarde.

He subido a un mirador en la orilla norte para intentar abarcar el conjunto. No estaba preparado.

Vista panorámica de Salzburgo desde el mirador

Son demasiadas cúpulas para una ciudad de este tamaño. Demasiadas torres. Demasiados campanarios compitiendo por el cielo como si cada príncipe-arzobispo hubiese necesitado construir más alto que su antecesor para demostrar algo que en realidad ya nadie le discutía. El resultado es una silueta que no se parece a ninguna otra ciudad que conozca: una acumulación vertical de vanidad eclesiástica con la fortaleza coronándolo todo como la firma definitiva.

Estatuas y ciudad al fondo

Una acumulación vertical de vanidad eclesiástica.

Desde aquí arriba se lee Salzburgo como se lee un documento: cada edificio es una cláusula del mismo argumento, cada cúpula una rúbrica. Y el argumento entero ha sido derogado. Mientras miraba han empezado a sonar las campanas. No una iglesia: todas. Un repique encadenado que ha ido saltando de torre en torre hasta llenar el valle entero, y durante unos minutos Salzburgo ha vuelto a sonar como lo que fue. Luego ha parado y el silencio que ha venido después era más elocuente que cualquier decreto.

Y detrás de todo, los Alpes.

Jardines de Mirabell con los Alpes al fondo

Esto no lo esperaba. Usted entenderá lo que quiero decir: las montañas cierran el horizonte por todas partes con una autoridad que empequeñece todo lo demás, incluida la fortaleza, incluida toda la vanidad acumulada de los príncipes-arzobispos. Hay algo casi cómico en la pretensión de construir una fortaleza inexpugnable al pie de unas montañas que llevan ahí millones de años y que seguirán ahí cuando no quede piedra sobre piedra de Hohensalzburg. Pero supongo que el poder nunca ha tenido sentido de la proporción. Ni humildad ante lo que le precede.

He vuelto al río al final de la tarde. He querido ver los reflejos ahora que el agua era visible, comprobar si la ciudad invertida que entreví ayer existía también sin la niebla.

Puente Mozartsteg sobre el Salzach

He vuelto al río al final de la tarde.

Los Alpes sobre Salzburgo

Existía. Pero era distinta. Ayer el reflejo era lo único real. Hoy era una copia temblorosa de algo que ya podía verse directamente, más frágil, más fácil de destruir.

Reflejo de Salzburgo en el agua

No la Salzburgo de piedra que se empeña en seguir en pie, sino la del agua, la que cualquier onda deshace sin esfuerzo.

Y me he descubierto pensando que tal vez esa era la versión verdadera: no la Salzburgo de piedra que se empeña en seguir en pie, sino la del agua, la que cualquier onda deshace sin esfuerzo. La que se parece a lo que realmente ocurrió.

Mañana subiré a la fortaleza. Quiero ver Salzburgo desde donde la veían ellos.

El Salzach bajo nubes dramáticas
Carta 2 / 7